La reformulación de un producto cosmético que ya está en el mercado es una decisión estratégica que va mucho más allá de modificar una lista de ingredientes. A diferencia del desarrollo de un producto desde cero, aquí existe un punto de partida muy concreto: un cosmético que ya ha sido validado por el mercado, que cuenta con un histórico de ventas, una percepción definida por parte del consumidor y una estructura técnica e industrial que funciona —o que, al menos, ha funcionado hasta ahora—.

Por este motivo, cuando una marca se plantea reformular, el papel del cosmetic laboratory resulta clave. No solo como ejecutor técnico del cambio, sino como asesor estratégico capaz de evaluar riesgos, anticipar impactos y determinar hasta qué punto una modificación es viable sin comprometer la identidad ni la rentabilidad del producto. Desde la perspectiva del cosmetic product development, reformular implica analizar el producto como un sistema completo, donde cada ajuste tiene consecuencias en cadena.

En el contexto actual, caracterizado por una normativa cambiante, consumidores cada vez más informados y una presión constante por innovar, muchas marcas se ven obligadas a revisar productos que siguen vendiéndose, pero que ya no encajan del todo con el mercado o con la evolución de la propia marca. Sin embargo, no todas las reformulaciones responden a los mismos motivos ni requieren el mismo nivel de intervención.

Por eso, el primer paso que da un laboratorio ante una solicitud de reformulación es entender el porqué. Identificar con precisión las razones que impulsan el cambio permite definir el alcance real del proyecto, evitar decisiones impulsivas y sentar las bases de un proceso técnico coherente.

En este primer bloque del artículo analizamos los motivos más habituales por los que una marca decide reformular un producto que ya vende, y cómo el laboratorio interpreta cada uno de ellos antes de plantear cualquier propuesta técnica.

Motivos habituales para reformular un producto en el mercado

Aunque desde fuera pueda parecer que todas las reformulaciones responden a una lógica similar, en la práctica existen múltiples escenarios distintos. Un cosmetic laboratory experimentado sabe que no es lo mismo reformular por una obligación legal que por una decisión estratégica de marca, y que cada motivo condiciona el tipo de análisis y las soluciones posibles.

A continuación, repasamos los motivos más habituales que llevan a una marca a solicitar una reformulación.

Cambios normativos y cumplimiento legal

Uno de los detonantes más frecuentes de una reformulación es la adaptación a la normativa vigente. La legislación cosmética evoluciona de forma constante, y un ingrediente permitido hoy puede verse restringido o prohibido mañana.

En estos casos, la reformulación no es opcional, sino necesaria para poder seguir comercializando el producto.

Desde el laboratorio, este tipo de solicitudes se abordan con especial cautela, ya que suelen implicar:

  • Sustitución de ingredientes clave por alternativas legales.
  • Ajustes en concentraciones máximas permitidas.
  • Revisión de claims asociados al producto.
  • Nuevas pruebas de estabilidad y compatibilidad.

El reto aquí no es solo cumplir la normativa, sino mantener el rendimiento y la sensorialidad del producto original en la medida de lo posible.

Evolución de las tendencias de consumo

Otro motivo muy habitual es la desalineación progresiva del producto con las expectativas del consumidor. Aunque el cosmético siga vendiéndose, la marca puede detectar que su fórmula ya no responde a lo que el mercado demanda.

Algunos ejemplos frecuentes:

  • Necesidad de eliminar o reducir ingredientes percibidos como controvertidos.
  • Búsqueda de fórmulas más naturales, veganas o con mejor perfil medioambiental.
  • Adaptación a nuevos hábitos de uso o rutinas cosméticas.
  • Mejora de la experiencia sensorial (textura, absorción, sensación en piel).

Desde el punto de vista del cosmetic product development, este tipo de reformulación exige equilibrio. Cambiar demasiado puede generar rechazo en consumidores fieles; cambiar poco puede resultar insuficiente para reposicionar el producto.

El laboratorio analiza qué aspectos son realmente críticos para el consumidor y cuáles pueden ajustarse sin afectar a la identidad del cosmético.

Incidencias técnicas detectadas tras la comercialización

No todos los problemas se detectan en fase de desarrollo. Muchos aparecen cuando el producto ya lleva tiempo en el mercado y ha sido expuesto a condiciones reales de uso, almacenamiento y transporte.

Entre las incidencias más habituales se encuentran:

  • Cambios de olor con el paso del tiempo.
  • Separación de fases o pérdida de estabilidad.
  • Variaciones de color.
  • Incompatibilidades con el envase.
  • Reacciones no deseadas en determinados climas o mercados.

Cuando una marca solicita una reformulación por este motivo, el laboratorio debe actuar casi como un equipo de diagnóstico. Antes de proponer cambios, se analiza:

  • Si el problema está en la fórmula o en el proceso productivo.
  • Si afecta a todos los lotes o solo a determinados.
  • Si está relacionado con materias primas, envases o condiciones externas.

En estos casos, la reformulación suele ser quirúrgica, centrada en corregir el origen del problema sin alterar el resto del producto.

Optimización de costes y cadena de suministro

El contexto económico y logístico actual ha convertido la optimización de costes en un motivo cada vez más frecuente para reformular.

Algunas situaciones habituales son:

  • Incremento del precio de materias primas clave.
  • Dificultades de suministro o desaparición de proveedores.
  • Dependencia de ingredientes muy específicos o poco escalables.
  • Necesidad de mejorar márgenes sin subir el PVP.

Desde el laboratorio, este tipo de reformulación se analiza con especial prudencia. No todas las fórmulas admiten sustituciones sin afectar al resultado final, y no siempre una reducción de coste compensa el riesgo técnico o comercial.

El cosmetic laboratory evalúa si existen alternativas funcionales viables y qué impacto tendría el cambio en:

  • Estabilidad.
  • Eficacia.
  • Sensorialidad.
  • Percepción de calidad por parte del consumidor.

Reposicionamiento estratégico de la marca

Por último, muchas reformulaciones están ligadas a decisiones estratégicas de marca, no a problemas del producto en sí.

Algunos ejemplos claros:

  • Cambio de público objetivo.
  • Entrada en nuevos mercados internacionales.
  • Revisión del discurso de marca.
  • Actualización de una gama completa de productos.

En estos casos, la reformulación forma parte de un proyecto más amplio y debe alinearse con otras decisiones como el packaging, el marketing o el pricing.

El laboratorio actúa aquí como un socio técnico, ayudando a traducir la estrategia de marca en ajustes formulativos coherentes y viables.

Por qué identificar bien el motivo es clave

Antes de tocar una sola materia prima, el laboratorio necesita responder a una pregunta fundamental:
¿Qué problema se quiere resolver realmente con esta reformulación?

Una mala definición del motivo suele traducirse en:

  • Reformulaciones innecesarias.
  • Cambios excesivos que rompen el producto.
  • Incremento de costes sin retorno claro.
  • Retrasos en producción y lanzamiento.

Por el contrario, cuando el motivo está bien identificado, el proceso se vuelve mucho más eficiente y estratégico.

Análisis de la fórmula original y su comportamiento comercial

Antes de plantear cualquier cambio, un cosmetic laboratory debe comprender en profundidad el producto tal y como existe hoy. Reformular sin este análisis previo supone trabajar a ciegas y asumir riesgos innecesarios. La fórmula original no es solo una combinación de ingredientes: es el resultado de decisiones técnicas, industriales y comerciales que han permitido que el producto llegue al mercado y se mantenga en él.

Este análisis se realiza desde dos perspectivas complementarias: la técnica y la comercial. Ambas son igual de relevantes y deben interpretarse de forma conjunta dentro del proceso de cosmetic product development.

Análisis técnico de la fórmula original

El primer paso consiste en descomponer la fórmula para entender su estructura y su lógica interna. El laboratorio evalúa aspectos como:

  • Tipo de sistema (emulsión, gel, solución, suspensión, anhidro, etc.).
  • Función real de cada ingrediente dentro de la fórmula.
  • Dependencias críticas entre materias primas.
  • Sensibilidad del sistema a variaciones de proceso.

En este punto, no todos los ingredientes tienen el mismo peso. El laboratorio distingue entre:

  • Ingredientes estructurales, imprescindibles para la estabilidad y la forma del producto.
  • Ingredientes funcionales, responsables de la eficacia o el beneficio cosmético.
  • Ingredientes accesorios, que pueden tener margen de ajuste sin afectar al conjunto.

Este ejercicio permite identificar qué partes de la fórmula son intocables y cuáles ofrecen cierto margen de maniobra.

Historial de estabilidad y comportamiento físico-químico

Otro aspecto clave es el análisis del historial de estabilidad del producto. El laboratorio revisa:

  • Resultados de pruebas de estabilidad previas.
  • Incidencias registradas en lotes anteriores.
  • Cambios observados a medio y largo plazo.
  • Sensibilidad a temperatura, luz o humedad.

Este análisis es especialmente relevante en productos con cierta antigüedad en el mercado, ya que el comportamiento real a lo largo del tiempo aporta información mucho más valiosa que cualquier prueba acelerada inicial.

En muchos casos, la reformulación no busca innovar, sino corregir debilidades detectadas con el uso real del producto.

Compatibilidad con envase y proceso productivo

La fórmula no existe de forma aislada: está estrechamente ligada al envase y al proceso de fabricación. Por ello, el cosmetic laboratory analiza:

  • Compatibilidad del producto con el material del envase.
  • Riesgo de migraciones, absorciones o reacciones.
  • Comportamiento durante el llenado y almacenamiento.
  • Reproducibilidad a escala industrial.

Algunas fórmulas funcionan bien en laboratorio, pero presentan problemas cuando se fabrican de forma repetida o a gran escala. Detectar estos puntos es esencial antes de introducir cambios que puedan agravarlos.

Análisis del rendimiento funcional

Desde el enfoque del cosmetic product development, el laboratorio también evalúa si la fórmula está correctamente optimizada en términos de eficacia:

  • ¿Los activos están bien vehiculizados?
  • ¿Las concentraciones son coherentes con el beneficio esperado?
  • ¿Existen ingredientes redundantes o infrautilizados?

Este análisis permite identificar oportunidades de mejora que no siempre requieren una reformulación profunda, sino ajustes estratégicos que mejoran el rendimiento sin alterar la identidad del producto.

Análisis del comportamiento comercial del producto

Paralelamente al estudio técnico, el laboratorio analiza el desempeño comercial del producto, ya que reformular un éxito de ventas no implica los mismos riesgos que reformular un producto con baja rotación.

Entre los datos que se suelen evaluar se encuentran:

  • Evolución de ventas a lo largo del tiempo.
  • Mercados o canales donde mejor funciona.
  • Reclamaciones y devoluciones.
  • Opiniones del consumidor y feedback postventa.

Un producto con buen volumen de ventas pero con quejas recurrentes requiere un enfoque distinto a uno que simplemente ha perdido relevancia frente a la competencia.

Importancia de la percepción sensorial

La sensorialidad suele ser uno de los aspectos más delicados en cualquier reformulación. Textura, absorción, olor y sensación en piel forman parte de la experiencia del consumidor y están directamente vinculados a la fidelidad al producto.

El laboratorio evalúa:

  • Qué atributos sensoriales son clave para el éxito del producto.
  • Cuáles podrían modificarse sin generar rechazo.
  • Qué cambios serían percibidos como una mejora real.

Impacto de la reformulación en costes, estabilidad y producción

Una vez analizada la fórmula original, el siguiente paso consiste en evaluar qué impacto tendría la reformulación en tres ejes fundamentales: costes, estabilidad y producción. Cualquier modificación, por pequeña que parezca, puede afectar a uno o varios de estos factores.

Un cosmetic laboratory con experiencia sabe que una reformulación técnicamente viable no siempre es viable desde el punto de vista industrial o económico.

Impacto en los costes del producto

Uno de los errores más comunes es pensar que reformular siempre implica reducir costes. En realidad, el impacto económico puede ir en varias direcciones:

  • Sustitución de ingredientes encarecidos por alternativas más eficientes.
  • Incremento de coste por uso de materias primas más innovadoras.
  • Cambios en proveedores o condiciones de compra.
  • Necesidad de nuevas pruebas y validaciones.

El laboratorio analiza el coste total, no solo el coste de materias primas, incluyendo:

  • Coste de fabricación.
  • Mermas de producción.
  • Costes asociados a pruebas adicionales.
  • Posible impacto en el PVP.

Impacto en la estabilidad del producto

Cada cambio en una fórmula introduce un nuevo equilibrio. Incluso modificaciones aparentemente menores pueden alterar la estabilidad del sistema.

Por eso, el laboratorio evalúa:

  • Riesgo de separación de fases.
  • Cambios en viscosidad o textura con el tiempo.
  • Comportamiento del sistema conservante.
  • Sensibilidad a condiciones externas.

En muchos casos, una reformulación obliga a repetir pruebas de estabilidad desde cero, lo que debe tenerse en cuenta en la planificación del proyecto.

Impacto en el proceso productivo

La reformulación también puede afectar directamente a la producción industrial. El laboratorio analiza si los cambios implican:

  • Nuevas condiciones de temperatura o agitación.
  • Tiempos de proceso más largos.
  • Mayor complejidad operativa.
  • Necesidad de adaptar maquinaria o protocolos.

Una fórmula más “bonita” sobre el papel puede resultar menos eficiente en planta si no se tiene en cuenta este factor.

Escalabilidad y continuidad del producto

Otro punto crítico es la escalabilidad. El laboratorio debe asegurar que la nueva fórmula puede fabricarse de forma constante, repetible y sostenible en el tiempo.

Se evalúa:

  • Dependencia de materias primas críticas.
  • Riesgo de roturas de stock.
  • Facilidad para mantener la calidad entre lotes.

Evaluar el equilibrio global

El verdadero valor del cosmetic laboratory en una reformulación está en su capacidad para evaluar el equilibrio global entre:

  • Mejora del producto.
  • Riesgo técnico.
  • Impacto económico.
  • Viabilidad industrial.

No todas las mejoras justifican una reformulación, y no todas las reformulaciones generan un retorno positivo. Por eso, esta fase de análisis es clave para decidir si el proyecto debe avanzar, ajustarse o replantearse por completo.

Qué puede modificarse en una reformulación sin comprometer el producto

Una de las preguntas más habituales que recibe un cosmetic laboratory cuando una marca plantea una reformulación es:
¿hasta dónde se puede cambiar la fórmula sin “romper” el producto?

La respuesta nunca es universal. Depende del tipo de cosmético, de su posicionamiento, de su histórico en el mercado y del motivo que impulsa la reformulación. Sin embargo, existen ciertos elementos que, en términos generales, ofrecen mayor margen de ajuste y otros que deben tratarse con extrema cautela dentro del proceso de cosmetic product development.

Ajustes en ingredientes secundarios o accesorios

Los ingredientes que no cumplen una función estructural ni funcional crítica suelen ser los primeros candidatos a modificarse. En este grupo se incluyen, por ejemplo:

  • Ajustes en fragancias o combinaciones aromáticas.
  • Modificación de agentes sensoriales no esenciales.
  • Sustitución de colorantes o ajustes de tono.
  • Cambios en ingredientes con función estética secundaria.

Este tipo de modificaciones permiten actualizar el producto o alinearlo con nuevas tendencias sin afectar de forma significativa a su rendimiento ni a su estabilidad.

Eso sí, incluso estos cambios deben evaluarse cuidadosamente, ya que pueden influir en la percepción del consumidor más de lo esperado.

Optimización de concentraciones (sin eliminar activos clave)

En muchos productos, el laboratorio detecta activos sobredimensionados o infrautilizados. En estos casos, ajustar concentraciones puede ser una vía eficaz para mejorar el equilibrio de la fórmula.

Algunos ejemplos habituales:

  • Reducir activos que no aportan un beneficio proporcional.
  • Optimizar sinergias entre ingredientes ya presentes.
  • Mejorar la biodisponibilidad sin añadir nuevos componentes.

Este tipo de ajustes suelen tener un impacto positivo tanto en la eficacia como en los costes, siempre que se realicen con criterios técnicos sólidos.

Sustitución de ingredientes por equivalentes funcionales

Cuando la reformulación está motivada por normativa, costes o suministro, el laboratorio puede proponer ingredientes alternativos con función equivalente.

Este proceso implica evaluar:

  • Compatibilidad con el resto de la fórmula.
  • Impacto en estabilidad y sensorialidad.
  • Disponibilidad y fiabilidad del proveedor.
  • Percepción del cambio por parte del consumidor.

No todos los ingredientes admiten sustituciones directas, y aquí la experiencia del cosmetic laboratory es determinante para evitar soluciones aparentemente válidas que generan problemas a medio plazo.

Ajustes en el sistema conservante (con especial precaución)

El sistema conservante es uno de los elementos más sensibles de cualquier fórmula. Puede modificarse, pero siempre bajo criterios estrictos de seguridad y estabilidad.

El laboratorio valora:

  • Eficacia antimicrobiana real.
  • Compatibilidad con el resto de ingredientes.
  • Impacto en pH y estabilidad global.
  • Cumplimiento normativo en los mercados objetivo.

Este tipo de cambios suelen requerir pruebas adicionales y no deben abordarse como simples sustituciones.

Qué no debería modificarse a la ligera

Tan importante como saber qué se puede cambiar es identificar qué elementos no conviene tocar sin una justificación clara:

  • El sistema base del producto (tipo de emulsión o estructura).
  • Los activos que definen el beneficio principal.
  • Los atributos sensoriales clave asociados a la fidelidad del consumidor.
  • Procesos críticos de fabricación ya optimizados.

Modificar estos elementos suele implicar una reformulación profunda, con riesgos elevados tanto técnicos como comerciales.

Cuándo una reformulación es viable… y cuándo no

No todas las solicitudes de reformulación deberían convertirse en un proyecto. Parte del valor que aporta un cosmetic laboratory es saber decir “no” cuando los riesgos superan a los beneficios.

Evaluar la viabilidad real de una reformulación implica analizar múltiples factores de forma conjunta.

Indicadores de que una reformulación es viable

En general, una reformulación suele ser viable cuando se dan varias de estas condiciones:

  • El producto tiene un recorrido comercial claro.
  • El problema a resolver está bien definido.
  • Los cambios necesarios son acotados y controlables.
  • Existe margen técnico en la fórmula original.
  • El impacto en costes y producción es asumible.

En estos casos, la reformulación actúa como una herramienta para extender la vida útil del producto, mejorar su competitividad o adaptarlo a nuevas exigencias del mercado.

Señales de alerta que invitan a replantear el proyecto

Por el contrario, el laboratorio suele recomendar cautela —o incluso descartar la reformulación— cuando aparecen señales como:

  • El producto presenta múltiples problemas estructurales.
  • Se pretende cambiar demasiados elementos a la vez.
  • El coste de reformular se acerca al de un desarrollo nuevo.
  • El producto ha perdido relevancia comercial.
  • No existe claridad sobre el objetivo real del cambio.

En estos casos, forzar una reformulación puede generar más problemas de los que resuelve.

Reformular vs. desarrollar un producto nuevo

Una de las decisiones estratégicas más importantes es elegir entre reformular o empezar desde cero. Aunque la reformulación suele percibirse como la opción “más sencilla”, no siempre es la más eficiente.

El laboratorio ayuda a la marca a comparar:

  • Tiempo de desarrollo.
  • Costes totales.
  • Riesgos técnicos.
  • Flexibilidad creativa.
  • Potencial de diferenciación.

En muchos casos, desarrollar un nuevo producto inspirado en el anterior resulta más coherente que intentar adaptar una fórmula que ya no responde a las necesidades actuales.

El papel del laboratorio como socio estratégico

Más allá de la parte técnica, el cosmetic laboratory actúa como un socio estratégico que aporta visión global al proyecto. Su función no es solo ejecutar cambios, sino ayudar a la marca a tomar decisiones informadas.

Esto implica:

  • Evaluar escenarios a corto, medio y largo plazo.
  • Anticipar impactos industriales y comerciales.
  • Priorizar soluciones realistas frente a ideas poco viables.
  • Acompañar a la marca durante todo el proceso.

Conclusión: reformular con criterio, no por inercia

La reformulación de un producto cosmético que ya está en el mercado es una herramienta potente, pero también compleja. Bien planteada, permite actualizar, optimizar y prolongar la vida comercial de un producto. Mal gestionada, puede comprometer su estabilidad, su rentabilidad y la confianza del consumidor.

Por eso, antes de modificar una fórmula, es imprescindible contar con el análisis riguroso de un cosmetic laboratory con experiencia en cosmetic product development, capaz de evaluar no solo la viabilidad técnica, sino también el impacto real en costes, producción y mercado.

Reformular no es cambiar por cambiar. Es tomar decisiones estratégicas basadas en datos, experiencia y una visión global del producto y de la marca.